Se divide
en dos partes, las invocaciones a la ciencia, y usos
inadecuados de la ciencia en la publicidad. En lo que a invocaciones de la ciencia
se refiere, encontramos un gran repertorio de productos, como un detergente que
pone “la ciencia al servicio de la limpieza” una almohada “desarrollada científicamente bajo control médico”, una
crema anticelulítica que ofrece “una solución científica en contra de la celulitis”.
Lo usan por ejemplo con la confianza del público, como las marcas de “toda la
vida”. Aunque seguramente hay una estrecha relación entre el tipo de producto y
el consumidor que avale la decisión de una marca por posicionarse
científicamente.
En cuanto a la segunda parte, se compone por seis apartados
dónde se clasifican los malos usos de la ciencia en la publicidad en seis clasificaciones
diferentes, de las cuales solo voy a hablar de tres. En primer lugar, trata
los conceptos inexistentes supuestamente científicos que se
trata de poner adjetivos que alteran el significado original del concepto,
resultando ser combinaciones ininteligibles, (un producto con alto nivel biológico). Seguidamente
se trata el uso de afirmaciones incorrectas, como un reloj capaz
de soportar hasta sesenta toneladas de presión, cuando la presión no se mide en toneladas.
También es frecuente el uso de afirmaciones exageradas e incorrectas como
ocurre con un coche que promete tener un control absoluto de cualquier situación, lo cual es imposible, o incluso una firma
de diamantes que dice que estas rocas se formaron casi antes del principio de los tiempos y, por supuesto,
mucho antes de la Creación.
Ana Isabel Lorente
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